La organización del Sacerdocio

El poder de Dios es real. En las escrituras existen muchas evidencias de la realidad del poder de Dios. Las manifestaciones del poder de Dios han sido muy privadas, como en el caso de la viuda de Sarepta, o han sido tan públicas como la partición del mar rojo y la alimentación milagrosa de 5,000 personas. Sin importar el escenario, todas las manifestaciones del poder de Dios tienen varias cosas en común. Primero, el poder siempre es de Dios. Muchos hombres han sido habilitados por Dios para hacer su obra, pero sin falta, ninguno, ni siquiera Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios, ha pretendido que sea por su propia mano que se efectúan estas cosas. Segundo, todas las manifestaciones han sido por personas autorizadas por Dios. Tercero, el poder de Dios solo se usa para bendecir las vidas de los hijos de Dios.

Dios comparte este poder con sus hijos. En las épocas del mundo cuando Dios ha estado en comunicación directa con el hombre, su poder ha estado allí. El ejemplo más claro de esto es en la época de los apóstoles, en el nuevo testamento. En el Día Pentecostés y en otras ocasiones, Pedro recibió guía divina. Pablo afirmó: “el evangelio anunciado por mí no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gálatas 1:12).  Había comunicación con el cielo.  El poder de Dios se manifestaba abiertamente. Pedro sanaba a los enfermos y hasta resucitó a Dorcas. Los apóstoles bautizaban en el nombre de Jesús, y en las escrituras se lee: “y les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8:16). Parece que de la mano de la revelación estaba el poder de Dios.

Con todas las manifestaciones del poder de Dios, las escrituras también contienen testimonios de que éste es regido por ciertas normas. Por ejemplo, el poder de Dios no se podía comprar. Simón, un hombre recién bautizado, al ver una de las manifestaciones del poder de Dios, ofreció dinero y dijo a Pedro: “Dadme también este poder” Pedro le respondió: “tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Véase Hechos 8:9-25). Algunas personas tenían el poder de Dios, pero solo podían utilizarlo hasta cierto punto. Felipe, quien había bautizado a muchos en Samaria, no tenía la potestad para hacer que las personas recibieran el Espíritu Santo. Pedro y Juan fueron enviados para cumplir ese propósito. De seguro este poder estaba cuidadosamente organizado y tenía un orden sobre la tierra.

Con la restauración del Evangelio, se restauró el conocimiento de la organización del poder de Dios. El poder de Dios es conocido como “el Sacerdocio” (esto es el poder en sí, y no el grupo de personas que lo poseen). El Sacerdocio esta divido en dos partes: el Sacerdocio de Melquisedec y el Sacerdocio Aarónico.

El Sacerdocio de Melquisedec es la autoridad suprema de Dios sobre la tierra. En Doctrina y Convenios se lee: “El Sacerdocio de Melquisedec posee el derecho de presidir, y tiene poder y autoridad sobre todos los oficios en la Iglesia en todas las edades del mundo para administrar en  las cosas espirituales.” (Doctrina y Convenios 107:12) Por medio de este sacerdocio se puede hacer toda la obra de Dios. Una persona con este sacerdocio puede bautizar, bendecir la Santa Cena, comunicar el Don del Espíritu Santo y participar de todas las ordenanzas del Templo. Una persona con este sacerdocio también puede bendecir a los enfermos o personas de alguna manera afligidas. La Iglesia es presidida a través de esta autoridad. Los oficios de este sacerdocio son: élder, sumo sacerdote, patriarca, setenta y apóstol. En Doctrina y Convenios también se lee por qué el sacerdocio recibe el nombre de Melquisedec. “La razón por la cual el primero se llama Sacerdocio de Melquisedec es que Melquisedec fue un gran sumo sacerdote. Antes de su época se llamaba el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios. Mas por respeto o reverencia al nombre del Ser Supremo, para evitar la demasiado frecuente repetición de su nombre, la iglesia en los días antiguos dio a ese sacerdocio el nombre de Melquisedec, o sea, el Sacerdocio de Melquisedec.” (Doctrina y Convenios 107:2-4). El Sacerdocio de Melquisedec es la autoridad y el poder por los que se dirige la Iglesia.

El Sacerdocio Aarónico es una dependencia del Sacerdocio de Melquisedec. Se llama Aarónico por el hermano de Moisés. En la Guía para el Estudio de las Escrituras se lee: “La razón por la que el Sacerdocio Aarónico le fue revelado a Moisés se debió a que los antiguos israelitas se rebelaron contra Dios y rehusaron ser santificados y recibir el Sacerdocio de Melquisedec, junto con sus ordenanzas.” Entonces, el Sacerdocio Aarónico es menor en potestad. En la actualidad, el Sacerdocio Aarónico se conoce como el Sacerdocio Menor. Su función es preparar a los hombres dignos de la Iglesia para recibir el Sacerdocio Mayor. Una persona con esta autoridad puede participar en los bautismos y la Santa Cena, pero no puede participar en las ordenanzas del Templo ni presidir en la Iglesia. Los oficios de este Sacerdocio son: diácono, maestro, presbítero y obispo. El Sacerdocio Aarónico es una gran bendición para sus poseedores y para los que reciben sus bendiciones.

El poder de Dios está nuevamente sobre la tierra. Con el afán de continuar bendiciendo a sus hijos, Dios ha vuelto a compartir Su Santo Sacerdocio. El Sacerdocio se sigue utilizando para bendecir a los hijos de Dios. La organización del Sacerdocio se ha vuelto a revelar desde los cielos.

Este mismo sacerdocio fue restaurado a la tierra a través de José Smith. Esto sucedió cuando José Smith y Oliverio Cowdery preguntaron a Dios acerca de este poder. El resultado fue la ordenación de José Smith y de Oliverio Cowdery, a orillas del río Susquehanna, cerca de Harmony, Pensilvania, donde recibieron el Sacerdocio Aarónico, el 15 de mayo de 1829. La ordenación se efectuó bajo las manos de un ángel, quien declaró ser Juan, el mismo que es llamado Juan el Bautista en el Nuevo Testamento. El ángel explicó que obraba bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan, los Apóstoles de la antigüedad, quienes poseían las llaves del sacerdocio mayor, que era conocido como el Sacerdocio de Melquisedec. Se prometió a José y a Oliver que en la ocasión oportuna se les conferiría el Sacerdocio de Melquisedec. (Véase también la sección 27:7, 9, 12 de Doctrina y Convenios.) Se les fue otorgado el poder del sacerdocio de la siguiente forma:

Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y este sacerdocio nunca más será quitado de la tierra, hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en rectitud.

Hoy en día los varones se reúnen cada domingo en la reunión del sacerdocio para hablar en cuanto al bienestar de los miembros de la Iglesia. Mediante este poder ellos pueden bendecir a los enfermos, levantar las manos caídas y efectuar las ordenanzas del Evangelio.

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